Grecia es sinónimo de islas bañadas por el sol, aguas salvajes y rincones cargados de historia. Pero más allá del glamour de Santorini o Mykonos, existen islas en Grecia con playas vírgenes donde el mar sigue su curso sin escenografías artificiosas. En estos lugares, los pueblecitos se componen de iglesias blancas con cúpulas azules y tabernas donde los vecinos comparten el pan del día. Sus calas no aparecen en miles de fotos; permanecen intactas, casi secretas. Este artículo revela siete de esos tesoros griegos, islas sólidas en identidad, que ofrecen un baño auténtico, paisaje puro y la sensación de haber descubierto algo totalmente tuyo.

Alonissos

Alonissos

Alonissos es un refugio discreto en las Espóradas, un rincón donde quedan esas islas en Grecia con playas vírgenes que parecen salidas de otra era. Aquí no hay mayor atracción que una lancha que te deje en una cala azul profunda rodeada de pinos. Las villas como Patitiri conservan ese aire marinero honesto, sin pretensiones. El Parque Marino Nacional cercano añade una dimensión de protección real, donde focas y delfines nadan tranquilos, ajenos al mundo. Alonissos es de esas islas donde caminas sin prisa, te sientas ante el mar pensando en nada y, realmente, caes en cuenta de que estás de vacaciones.

Amorgos

Amorgos

Amorgos tiene un magnetismo forjado en su orografía: escarpada, dramática y serena. Es una de esas islas en Grecia con playas vírgenes donde se te queda el silencio en mitad del camino. El monasterio de Hozoviotissa abraza el acantilado y mira al Egeo con paciencia, y calitas como Agia Anna parecen escenas de película. Las tabernas familiares cocinan platos con productos de temporada y tarros caseros colgando del techo, bien lejos del turismo en masa. Si buscas una isla que respete su pasado, que lo muestre sin deslumbramiento, y cuya costa no esté invadida de turistas que solo quieren Instagram, Amorgos te ofrece justo eso.

Folegandros

Folegandros

Entre volcanes y calderas más famosas, Folegandros permanece quieta. Su Chora, encaramada sobre un acantilado, es de postal perfecta, con casas blancas dobladas al viento, la luz clara y un aire contemplativo. A pocos minutos de ahí, calas como Katergo te devuelven esa idea primitiva de mar; nada más que el azul profundo, rocas cálidas, sin sillas de playa ni colas de turistas. Esta isla logra la proeza de ser una de las islas en Grecia con playas vírgenes sin apenas esfuerzo. Aquí, cada atardecer te recuerda que la belleza tranquila es la que más adentro nos llega, y que hay islas que brillan con luz propia sin dejar de ser pequeñas y recónditas.

Ikaria

Ikaria

La gente de Ikaria parece no sentir la urgencia, celebra festivales que duran toda la noche y vive con ritmo propio. Zonas como Seychelles Beach lucen tan intactas que el agua parece pintada. Los pueblos de interior se aferran al pasado, al mostrarnos mujeres charlando en la plaza, iglesias con paredes desgastadas y conversaciones que van sin apuro. En Ikaria, ser turista es secundario; eres parte del paisaje, del café que se enfría, del sendero que se desvanece entre olivos.

Kythira

Kythira

Kythira se sitúa donde el Egeo y el Jónico se encuentran, y con ello hereda calma, lengua pausada y playas escondidas como Kaladi o Halkos. Es la isla perfecta para quienes buscan islas en Grecia con playas vírgenes y silencio. Los pueblos tardan en despertarse y tú también, caminando por senderos que desaparecen entre el bosque y el mar. La historia de venecianos y bizantinos no está en museos, está en cada torre y en cada iglesia. Aquí hay más olivos que personas y más paz que ruido.

Paxos y Antipaxos

Paxos

Dos hermanas gemelas en miniatura en el Jónico. Paxos conserva su esencia, olivos, tabernas de pescado y callejones que terminan en el mar. Pero enfrente, Antipaxos despliega playas de arena fina y agua tan clara que parece vidrio antiguo. Son dos de esas islas en Grecia con playas vírgenes en las que puedes tomar un ferry corto entre una y otra. Así vas a pasar del autenticismo de Paxos al remanso de Antipaxos.

Symi

Symi

Symi es una pintura neoclásica sobre la orilla del Dodecaneso. Casas de colores pastel, escalinatas suaves y un puerto que brilla al caer la tarde. Pero sube un poco la vista y descubres calas mágicas solo accesibles por mar. Es una de las islas en Grecia con playas vírgenes donde puedes terminar tu día con una copa frente a yates discretos y luego desaparecer en una cala donde solo escuchas olas. El monasterio de Panormitis es prueba de su historia, y los barcos que parten temprano llevan, también, el aroma auténtico de la Grecia marítima que sigue viva.