El Valle del Loira, conocido como el “jardín de Francia”, es mucho más que un recorrido entre castillos de ensueño. Sus paisajes, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, despliegan una riqueza natural y cultural que va más allá de los monumentos históricos. Si bien Amboise, Blois o Chenonceau suelen acaparar todas las miradas, el Valle del Loira esconde secretos que merecen ser explorados. Sus pueblos pintorescos, con callejuelas empedradas y casas con tejados de pizarra, transmiten la esencia de la vida francesa tradicional.

Castillos Del Loira

Además, esta zona no solo es un festín para los ojos, también lo es para el paladar. La diversidad de vinos y productos locales permite que cada visita se convierta en un viaje sensorial. Prepárate para descubrir el Valle del Loira más allá de los castillos famosos y dejarte seducir por sus joyas ocultas, donde cada rincón cuenta su propia historia.

Pueblo de Montrésor, menos 100 hectáreas de territorio

Montrésor

Montrésor es un pequeño tesoro de menos de 100 hectáreas, pero su encanto es tan grande que se siente mucho más extenso. Situado a orillas del Indrois, este pueblo parece detenido en el tiempo, con su castillo vigilando desde un afloramiento rocoso y sus calles empedradas que invitan a pasear sin prisa. Fundado en el siglo XI por Fulko Nerra, conde de Anjou, el primer castillo apenas dejó restos, aunque todavía se pueden ver vestigios de los donjons del siglo XII y su muro circular. Más adelante, Imbert de Bastarnay levantó a principios del siglo XVI la fortaleza que conocemos hoy, acompañada de la Colegiata de San Juan Bautista, un ejemplo destacado del Renacimiento francés que sigue siendo el corazón espiritual del pueblo.

En 1849, el castillo pasó a manos del conde Xavier Branicki, un aristócrata polaco que, tras sus aventuras en la Guerra de Crimea y Constantinopla, decidió restaurar y reimaginar la residencia familiar. Sus descendientes aún viven allí, manteniendo viva la historia y la tradición de Montrésor. Sumado a esto, el antiguo lavadero junto al río, el mercado de La Halle des Cardeux del siglo XVIII y la casa consistorial de 1581, conocida como Logis du Chancelier, son ejemplos palpables de la riqueza arquitectónica de este pequeño pueblo. Por todo ello, Montrésor pertenece a la asociación “Les plus beaux villages de France” y se ha ganado un lugar de privilegio entre los destinos imprescindibles del Valle del Loira más allá de los castillos famosos.

Parque temático Puy du Fou, atrapado en la Edad Media

Fou

Adentrarse en Le Puy du Fou es como abrir un libro de historia y ser transportado directamente al pasado. Entre bosques y un paisaje cuidado al detalle, los visitantes se encuentran rodeados de espectáculos que mezclan teatro, acrobacias, música y efectos especiales, logrando que cada salto temporal se sienta muy real. Contando obras como la épica Roma antigua de Le Signe du Triomphe, la crudeza vikinga de Les Vikings, Le Bal des Oiseaux Fantômes; todo tiene su toque.

El parque se extiende por 50 hectáreas de bosque y se integra con la naturaleza circundante, ofreciendo un entorno único que combina flora, fauna y arquitectura histórica. Pero estamos hablando de lo más top, y en ese contexto no podemos saltarnos la Cinéscénie, el espectáculo nocturno más grande del mundo, que revive 700 años de historia de una familia local con más de 3.000 actores y efectos que desafían la imaginación. Al recorrer sus aldeas medievales, asistir a duelos de espadas o ver volar cientos de aves al ritmo de la música, uno se da cuenta de que está explorando un Valle del Loira más allá de los castillos famosos.

Abadía de Fontevraud, la abadía más grande de Francia

Fontevraud

Es difícil imaginar un lugar que combine historia, arquitectura y misterio con tanta intensidad como la abadía de Fontevraud. Fundada en 1099 por Robert de Arbrissel para acoger a viudas y jóvenes de la aristocracia, la abadía pronto se convirtió en el centro de la nueva Orden de Fontevrault, un espacio único donde hombres y mujeres convivían siguiendo reglas estrictas de vida religiosa.

La autoridad absoluta residía en la abadesa, una figura que marcó el rumbo de esta comunidad hasta su disolución durante la Revolución Francesa. Tras siglos de abandono y un periodo como prisión napoleónica, Fontevraud recuperó su esplendor en la década de 1960, dando paso a un proceso de restauración que la transformó en un centro cultural abierto al público. Explorar Fontevraud permite también descubrir otro lado del Valle del Loira más allá de los castillos famosos. Aquí, entre jardines y claustros que susurran historias de reyes y prisioneros, se entiende que esta abadía fue testigo de la gloria de Enrique II de Inglaterra, Leonor de Aquitania y Ricardo Corazón de León.