Tras unos días en Colombo, muchos viajeros se lanzan a la aventura de recorrer los 1340 kilómetros de litoral de Sri Lanka, donde el mar Índico rompe en playas interminables, escondidas entre palmeras y pueblos pesqueros. Viajar en tren desde la capital hasta Hikkaduwa, con las vías bordeando el océano y el viento entrando por las puertas abiertas del vagón, ya es una postal en movimiento que anticipa lo que vendrá.

Lo cierto es que cada tramo de costa en Sri Lanka guarda una sorpresa distinta. En el suroeste, entre noviembre y abril, las aguas son tranquilas y cristalinas, ideales para nadar, bucear o dejarse llevar por el ritmo lento de la vida playera. Mientras tanto, el este florece entre mayo y septiembre, cuando el monzón da tregua y revela playas salvajes casi desiertas. En esta lista nos alejamos de los puntos más concurridos para mostrarte 5 playas en Sri Lanka con cero multitudes, donde la calma, el paisaje y la autenticidad todavía reinan sin filtros.

Playa Weligama, surf en estado puro

Weligama

Si hay un lugar que respira surf en cada rincón, ese es Weligama. Esta amplia bahía en forma de medialuna se ha convertido en un verdadero paraíso para quienes se inician en el arte de deslizarse sobre las olas. El secreto está en su fondo arenoso y en esas olas largas y amables que parecen invitarte a ponerte de pie en la tabla una y otra vez. Incluso si nunca has tocado una, aquí lo normal es animarse. Basta con alquilar el equipo en alguna de las numerosas tiendecitas de la costa o reservar una clase con los jóvenes instructores locales.

A lo largo de la playa encontrarás desde sencillos cafés con pescado fresco hasta bares animados donde compartir una cerveza fría con otros viajeros. Lo mejor es que, a pesar de su creciente popularidad, todavía conserva rincones tranquilos que se sienten como un hallazgo personal. Si lo tuyo es escapar de la masificación, Weligama puede ser la puerta de entrada a las playas en Sri Lanka con cero multitudes, perfectas para quienes quieren combinar surf, calma y cultura local.

Playa Mirissa, muy buena opción para ver ballenas

Mirissa

Mirissa es ese lugar del sur de Sri Lanka que no necesita adornos, basta con su bahía en forma de media luna, las aguas azules y el ir y venir de los barcos pesqueros para entender su encanto. Desde noviembre hasta abril, las aguas frente a Mirissa se convierten en escenario de lujo para el avistamiento de ballenas azules, los gigantes más majestuosos del océano. Febrero y marzo son los meses estelares, aunque durante toda la temporada también se dejan ver delfines, ballenas jorobadas y, con algo de suerte, las más escurridizas minke.

El oleaje de Mirissa puede poner a prueba hasta el estómago más fuerte, por lo que un buen truco es llevar pulseras o remedios contra el mareo. A cambio, la recompensa es inolvidable: ver emerger una ballena en calma, sin decenas de barcos a su alrededor, es un momento difícil de igualar. Hacer snorkel en la bahía este, lanzarse a surfear en el arrecife occidental o perderse en la llamada Secret Beach son opciones irresistibles. Al caer la tarde, los chiringuitos animan el ambiente con barbacoas de pescado fresco, mientras que lugares como Coconut Tree Hill ofrecen vistas de postal. No será de las playas en Sri Lanka con cero multitudes, pero sí la que más historias de ballenas te regalará.

Playa Nilaveli, alejada de todo

Nilaveli es ese rincón del mapa que parece hecho para quienes buscan silencio. A unos kilómetros de Trincomalee, esta playa se abre como una alfombra de arena marfil, bordeada por palmeras que se mecen con calma y, de vez en cuando, alguna vaca que pasea como si también estuviera de vacaciones. No hay discotecas ni ruido de motores, solo el rumor suave del océano y el horizonte despejado.

Es raro decirlo, pero el mar aquí es generoso, sobre todo entre mayo y septiembre, cuando las aguas tranquilas permiten lanzarse al snorkel o al buceo sin prisa. Frente a la costa de una de las playas en Sri Lanka con cero multitudes, Pigeon Island guarda uno de los tesoros marinos más impresionantes del país: tortugas nadando a tu lado, bancos de peces de colores y pequeños tiburones de arrecife patrullando el coral. Además, Nilaveli también invita a quedarse quieto, a disfrutar del ritmo lento de los pueblos cercanos, a sentarse en un chiringuito sencillo y dejar que la tarde caiga sin mirar el reloj.

Playa Casuarina, mucho más al norte de Sri Lanka

Casuarina

Viajar hasta la península de Jaffna es casi como llegar a otro país dentro de Sri Lanka. Allí, a unos 20 kilómetros de la ciudad de Jaffna, aparece la playa de Casuarina, un tramo de arena suave enmarcado por los árboles que le dan nombre. Su acceso no es inmediato; hace falta un trayecto de unos 40 minutos por carreteras secundarias, lo que solo aumenta la sensación de estar alcanzando un lugar secreto.

Durante la semana, el silencio domina y uno puede caminar por la orilla casi sin cruzarse con nadie. Los fines de semana la escena cambia: familias locales llegan con neveras, niños chapoteando en el agua poco profunda y grupos de amigos que arman improvisados picnics bajo el sol. Por otra parte, el mar aquí es cálido, con una pendiente suave que invita a nadar sin sobresaltos, y en los alrededores todavía sobreviven rastros de historia, como un viejo faro británico que observa la costa desde hace siglos.

Playa Ahungalla, la menos conocida del listado

Entre Galle y Colombo, escondida entre palmeras y arenas blancas, se encuentra Ahungalla. Mientras otros rincones del litoral de Sri Lanka se llenan de visitantes, aquí el ritmo es más lento. Lo que hace especial a Ahungalla es su autenticidad. El turismo aún no ha devorado la esencia local, por lo que se le considera como una de esas playas en Sri Lanka con cero multitudes. A menudo, los únicos compañeros de un paseo por la orilla son las huellas propias en la arena y el vaivén constante de las olas.

Además, en sus alrededores es posible visitar viveros de tortugas marinas, proyectos comunitarios dedicados a la conservación que permiten observar de cerca a estas criaturas mientras se protegen sus nidos. Para quienes buscan un poco más de aventura, el cercano río Madu Ganga ofrece paseos en barca entre manglares, templos escondidos en islotes y la posibilidad de cruzarse con aves exóticas o incluso un lagarto monitor tomando el sol.