Bilbao se descubre siguiendo una ría que durante siglos transportó mercancías, sostuvo astilleros y concentró buena parte de la industria vizcaína. En sus orillas, las antiguas grúas y fábricas han dejado paso a paseos, puentes, universidades y edificios contemporáneos. Sin embargo, la renovación no borró la ciudad anterior: las Siete Calles, los mercados, las iglesias y las cafeterías y restaurantes del Ensanche continúan explicando cómo una villa comercial se convirtió en uno de los principales centros urbanos del norte peninsular.

La villa fue fundada en 1300 por Diego López de Haro junto a un paso navegable del Nervión-Ibaizabal. El comercio de lana y hierro favoreció su crecimiento, que se aceleró durante la industrialización con la minería, la siderurgia, la construcción naval y la actividad bancaria. La crisis de ese modelo dejó durante las últimas décadas del siglo XX espacios degradados y graves problemas ambientales. Su posterior recuperación urbanística cambió la relación con el agua y alcanzó un símbolo internacional con la apertura del Museo Guggenheim en 1997.

En este artículo vamos a descubrir qué ver en Bilbao recorriendo la ciudad desde el Casco Viejo hasta Abandoibarra. Además, visitaremos la catedral de Santiago, el mercado de la Ribera y la basílica de Begoña antes de atravesar el Ensanche y entrar en sus principales museos. También subiremos a Artxanda, buscaremos la memoria industrial en la ría y conoceremos barrios con una intensa vida cultural.

Las Siete Calles, la catedral de Santiago y la Plaza Nueva

El Casco Viejo nació alrededor de las denominadas Siete Calles: Somera, Artecalle, Tendería, Belosticalle, Carnicería Vieja, Barrencalle y Barrencalle Barrena. Aunque la ciudad se extendió mucho más allá, este entramado continúa siendo uno de sus espacios más animados. Las plantas bajas reúnen comercios, tabernas y establecimientos donde los pintxos se presentan como pequeñas elaboraciones sobre la barra.

La catedral de Santiago se levanta en una pequeña plaza y recuerda la relación de Bilbao con las rutas jacobeas de la costa. El templo, construido fundamentalmente en estilo gótico, posee una girola poco habitual en las iglesias de su entorno y una torre reconstruida durante el siglo XIX. En las proximidades se encuentran la fuente del Perro, la Biblioteca de Bidebarrieta y la iglesia de los Santos Juanes. Cada edificio muestra una etapa diferente dentro de un barrio reconstruido varias veces después de incendios, inundaciones y conflictos.

La Plaza Nueva introduce un espacio porticado en medio de este trazado irregular. Desde allí puede llegarse a la plaza de Unamuno y subir por las escaleras de Mallona hacia Begoña. Otra opción consiste en acercarse al Arenal, donde se levantan el kiosco de música y la iglesia de San Nicolás. El cercano Teatro Arriaga, inspirado en la Ópera de París, marca la transición entre las calles históricas y los paseos abiertos junto a la ría.

El mercado de la Ribera, Atxuri y Bilbao La Vieja

El mercado de la Ribera ocupa una posición privilegiada junto al agua y la iglesia de San Antón. Su edificio actual, de carácter racionalista y grandes superficies acristaladas, sustituyó a estructuras comerciales anteriores en un lugar donde se celebraban mercados desde hacía siglos. Los puestos permiten conocer pescados, carnes, quesos, verduras y otros productos presentes en la cocina vasca.

La iglesia y el puente de San Antón forman parte del emblema de Bilbao y recuerdan el punto desde el que la villa controlaba antiguamente el tránsito fluvial y terrestre. Al otro lado comienza el barrio de Atxuri, vinculado históricamente a talleres, hospitales y comunicaciones ferroviarias. Siguiendo la ría hacia el este se alcanza el paseo de Los Caños y el entorno de la Peña, donde el paisaje urbano se estrecha entre el cauce y las laderas.

En dirección contraria aparece Bilbao La Vieja, uno de los sectores con mayor diversidad cultural de la ciudad. Las calles de San Francisco, Cortes y Marzana reúnen galerías, comercios, locales y proyectos creativos dentro de un barrio complejo, marcado por sucesivas transformaciones sociales. Desde los muelles se contempla el mercado de la Ribera y el perfil del Casco Viejo. Más arriba, el antiguo yacimiento minero de Miribilla recuerda la extracción de hierro.

El Ensanche, la Gran Vía y Azkuna Zentroa

Bilbao cruzó definitivamente la ría durante el siglo XIX para construir un Ensanche acorde con su crecimiento económico. La plaza Circular, presidida por la estatua de Diego López de Haro, sirve como punto de entrada a la Gran Vía. Esta avenida concentra varios edificios bancarios, grandes comercios y una arquitectura representativa de la burguesía industrial. A mitad del recorrido se abre la plaza Moyúa, un espacio elíptico ajardinado desde el que parten calles hacia algunos de los principales monumentos y equipamientos del centro.

El palacio de la Diputación destaca por su fachada y sus interiores profusamente decorados, mientras el palacio Chávarri aporta a Moyúa una imagen inspirada en la arquitectura flamenca. Muy cerca se encuentra el hotel Carlton, relacionado con episodios relevantes de la historia contemporánea vasca. El paseo puede desviarse hacia los jardines de Albia, la iglesia de San Vicente y el edificio de la Sociedad Bilbaína, con calles que permiten comprender la confianza de una ciudad enriquecida por la industria, el comercio marítimo y las finanzas.

Azkuna Zentroa ocupa la antigua Alhóndiga municipal, un almacén de vinos transformado en centro de cultura y ocio. La intervención conservó las fachadas históricas y creó un gran atrio sostenido visualmente por columnas de diseños variados. En su interior conviven exposiciones, salas de cine, biblioteca, auditorio e instalaciones deportivas.

El Guggenheim, el museo de Bellas Artes y Abandoibarra

El museo Guggenheim se alza junto a la ría mediante volúmenes curvos revestidos de titanio, piedra y vidrio. El edificio diseñado por Frank Gehry cambia de apariencia según la luz y el punto desde el que se observe. En el exterior destacan la gran araña de Louise Bourgeois, el colorido Puppy de Jeff Koons y las intervenciones instaladas alrededor del estanque. Por eso mismo, antes de entrar merece la pena rodear completamente el museo para comprobar su relación con el puente de La Salve y los antiguos muelles.

Las salas interiores presentan exposiciones de arte moderno y contemporáneo dentro de espacios de escalas muy diferentes. Una de las instalaciones permanentes más reconocibles es la serie de grandes estructuras de acero de Richard Serra, concebida para recorrerse desde dentro. A poca distancia se encuentra el museo de Bellas Artes, cuya colección recorre desde maestros antiguos hasta artistas vascos y creadores contemporáneos.

Abandoibarra resume la recuperación de terrenos ocupados antiguamente por actividades portuarias e industriales. El paseo une el Guggenheim con el palacio Euskalduna, construido en el antiguo ámbito de los astilleros. Entre ambos aparecen esculturas, jardines, áreas infantiles, la torre Iberdrola y pasarelas que cruzan hacia Deusto. El puente Zubizuri, obra de Santiago Calatrava, conecta otro tramo de la ribera con el Campo Volantín.

Begoña, Artxanda y las grandes panorámicas de Bilbao

La basílica de Begoña se encuentra sobre una colina que domina el Casco Viejo y está dedicada a la patrona de Bizkaia, conocida popularmente como la Amatxu. Puede alcanzarse mediante las escaleras de Mallona, un recorrido exigente pero cargado de tradición, o utilizando el transporte público. El templo fusiona elementos góticos con reformas posteriores, manteniendo una estrecha relación con la identidad local. Desde sus alrededores se percibe cómo Bilbao ocupa un valle estrecho rodeado por montañas muy próximas.

Artxanda proporciona la panorámica más completa de ese relieve urbano. El funicular, cuyo acceso inferior se encuentra cerca del Campo Volantín, salva rápidamente el desnivel hasta la zona superior. Desde los miradores se distinguen la ría, el Guggenheim, el Ensanche, San Mamés y los barrios que ascienden por las laderas.

Otra perspectiva interesante aparece alrededor del estadio de San Mamés, levantado junto a la ría en el lugar del antiguo campo. Incluso quienes no asistan a un partido pueden acercarse al museo del Athletic Club y comprender la especial relación entre el equipo y la ciudad. Desde allí, el paseo continúa hacia Olabeaga, un barrio alargado entre las vías y el agua que conserva parte de su atmósfera portuaria.

Getxo, Gaztelugatxe y otros lugares cerca de Bilbao

La desembocadura de la ría permite seguir la historia industrial hasta el puente de Bizkaia, que une Portugalete y Getxo mediante una barquilla suspendida. Inaugurado en 1893, fue el primer puente transbordador construido con estructura metálica y continúa funcionando como medio de transporte. La pasarela superior ofrece amplias vistas para quienes no tengan vértigo. En Portugalete merece la pena recorrer el casco antiguo, mientras Getxo conserva villas burguesas, el puerto viejo de Algorta y los acantilados de Punta Galea.

San Juan de Gaztelugatxe es una excursión espectacular, aunque requiere planificación. Una escalinata conduce por un puente de piedra hasta la ermita situada sobre un islote unido a la costa, utilizado para grabar escenas de Juego de Tronos. El paisaje de acantilados, islotes y oleaje explica su enorme popularidad, por lo que el acceso puede estar controlado y condicionado por la meteorología. En las cercanías, Bermeo conserva un importante puerto pesquero y Mundaka se abre hacia la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, uno de los espacios naturales más valiosos del litoral vasco.

Hacia el interior, Gernika permite visitar la Casa de Juntas y el entorno del Árbol de Gernika, símbolos de las libertades históricas vizcaínas. La localidad también conserva la memoria del bombardeo sufrido en 1937. Otra alternativa es Balmaseda, primera villa fundada en Bizkaia, con puente medieval y un casco atravesado por antiguas rutas comerciales.